
Capítulo XXII
Cruzaba la vieja carretera general para poder acceder al Balneario de Benito en busca de sus supuestas amigas y así poder aclarar toda la historia esa de beatas, santas y ejecutoras cuando justo en la verja de entrada observó una guapa mujer que se disponía a montarse en una bicicleta tipo tándem..
-¿Qué hay que hacer para entrar al sector femenino de los baños?
-Buenos días, soy una señora castellana que me dirijo a la manchega localidad de Villapalacios. Vente conmigo en la bicicleta, pedalearemos las dos por la vieja vía que nunca llegó a ser tal, mi paso por esta historia será breve y quiero sacarte de aquí, eres un personaje principal y aquí en Reolid aunque han aparentado hacia ti un cariño inmenso no es lo que te crees.
-¿Quién me ha colocado como personaje? ¿De qué me estás hablando?
-Sé que era alguien que te apreciaba mucho y que nunca te juzgó, aquí sin embargo querían someterte a un juicio moral tras una instrucción secreta a tus espaldas. Hablaremos por el camino, así que vámonos antes que se eche la tarde, podrás dormir en mi casa.
Pedalearon las dos en silencio, no hacía más que observar el camino sin raíles por el que ella creyó que tenían que pasar trenes con pasajeros, de hecho todavía recordaba a algunos de los que la acompañaron en su viaje desde Albacete sobretodo aquella chica de los libros con aire de lorquiana que luego le pareció ver transfigurada como beata aparente por las calles de Reolid. Pensaba que cuando llegase a Villapalacios y tras ducharse desnuda en casa de la señora castellana dormiría y a la mañana siguiente buscaría cualquier transporte que la llevase a Cástulo elucubrando la posibilidad de visitar su estación de ferrocarril, de hecho el camino por el que pedaleaban como vía del tren que nunca se inauguró debería conducir hasta ella, ¿quién sería su escritor que la había convertido en un personaje literario? Pensaba en todos los que conocía de Cástulo y en los que no eran de Cástulo, no sabía cómo había llegado hasta ahí, ni cómo llegó a aparecer desnuda en aquella playa y luego en aquel tren que todos le negaron que existía, aunque lo primero quiere recordarlo como un viejo y auténtico deseo en la realidad no literaria a la que volvió a romper de nuevo el silencio la amable señora castellana y sin dejar ninguna de las dos de pedalear.
-Nunca he creído en los liderazgos reales o psicológicos, ni tu escritor es tan malo ni el resto de personajes tan buenos. Creo que ellas estaban sin quererlo y sin reconocerlo bajo algún tipo de influjo de terceros, algo que luego no era tal ya que quien sojuzgaba y dominaba estaba a su vez sometida a un poder aparentemente mayor.
-¿Hablas de esa ejecutora de Reolid y las beatas aparentes?
-Hablo de cualquiera que sobre los demás ejerza un liderazgo que nunca le ha sido otorgado y que tú como bien sabes quizás lo utiliza como vía de escape, al igual que yo he utilizado un enfriamiento argumental para ayudarte a escapar de Reolid y huir a Villapalacios. No le des más vueltas ahora, llevamos mucho pedaleo por este camino, ahí en mi casa y cuando repongas te daré más detalles.
Al llegar a la estación de Villapalacios y a pesar de no tener carácter funcional ésta se mostraba llena de personal que parecían pasajeros al tener algunos maletas junto a sus pies, parecía más ambientada esta localidad, tenía el cariz de ser más pueblo que Reolid, más manchego incluso. El ver incluso la estación así a pesar de no tener raíles la hipotética vía hecha camino y por la que habían transitado la llenó de optimismo.
-Bueno, hemos llegado, tengo que continuar sola por lo que te tengo que dejar aquí, me esperan para tomar café en la cercana Bienservida y como tal que lo soy con respecto a este nombre de aldea albaceteña no puedo faltar nunca al estar dispuesta siempre que me invitan.
No entendía cómo se quedaba otra vez sola al ver alejarse esa bicicleta por ese camino que estaba segura que conducía hacia Cástulo. Empezó a titubear sobre buscar algún alojamiento en Villapalacios a pesar de ir sin blanca o viajar sola por el mismo lugar que desapareció la señora castellana hasta la aldea de Bienservida.
Un letrero fuera de la estación en el que se leía “Bienvenida a Villapalacios” donde antes debió decir “Bienvenido” al añadirle alguien en pintura negra un rabito a la “o” para convertirla en “a” le hizo pensar que tal como veía el panorama en este absurdo viaje debía deberse todo a un conflicto sin resolver que tenía que tener con el escritor en el que ella era la protagonista aunque había sido la inspiradora del argumento de la historia en la que estaba sumida y todo por la propia soledad del escritor.
Un círculo vicioso que giraba en su cabeza y quizás también en la del escritor en el sentido normal y también en el inverso de las agujas del reloj. Al fondo le pareció colgando otro rótulo en el que se leía “Bar”.