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El talento de los demás de Alberto Olmos a la espera en la estanteria

Tras una carrera mañanera de poco valor, sólo unos veinte minutos en ida y vuelta por la vía verde del aceite en la mañana del sábado, y después de una ducha en solitario me he vuelto a forrar con el disfraz de Sir Alsen Bert para seguir fiel a mi firme propósito de tomarle la delantera a las instituciones culturales de la ciudad sean públicas o privadas y promocionar la lectura en las calles de Jaén o en los lugares más insospechados, al estilo de otras ciudades más lectoras y con el fin de que cuando nos vean leyendo un libro sentados en un banco de la semipeatonal Bernabé Soriano nadie  piense que sufrimos algún tipo de locura individual incurable que podamos transmitir al resto de paisanos y acabe formándose en la ciudad del Santo Reino una especie de epidemia lectora y callejera de carácter colectivo.

El lugar elegido para leer ha sido una peluquería de señoras, una elección no arbitraria que lo sepan ustedes, llevo cortándome el pelo en este local más de una década, y con el tiempo he llegado a considerar que para un caballero siempre es más interesante raparse en una peluquería de sexo contrario.

El libro elegido para la ocasión no ha sido  otro que El Estatus de Alberto Olmos y por cierto muy recomendado para cualquier lector que se precie o señora de la peluquería que me hacían compañía en la interminable espera del turno. Algo que llegué por momentos a olvidar, me metí tanto en el libro y su contenido, me introduje tanto en el argumento como si yo mismo fuese el aire que rodeaba a los protagonistas o el causante de sus aparentes y no aparentes males que llegué a olvidarme completamente del lugar en el que me hallaba. La amable chica que me rasuró la china me hizo volver a la realidad tras salir de una obra penetrante recomendando desde aquí al lector que sea él el que la penetre de improviso antes de que sea tarde, anticipándote al final poco después de la mitad de la novela.

En la estantería me esperan impacientes A bodo del naguragio y El talento de los demás también de Alberto Olmos.

Fotografía de Alberto Olmos

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Capítulo XXII

Cruzaba la vieja carretera general para poder acceder al Balneario de Benito en busca de sus supuestas amigas y así poder aclarar toda la historia esa de beatas, santas y ejecutoras cuando justo en la verja de entrada observó una guapa mujer que se disponía a montarse en una bicicleta tipo tándem..

-¿Qué hay que hacer para entrar al sector femenino de los baños?

-Buenos días, soy una señora castellana que me dirijo a la manchega localidad de Villapalacios. Vente conmigo en la bicicleta, pedalearemos las dos por la vieja vía que nunca llegó a ser tal, mi paso por esta historia será breve y quiero sacarte de aquí, eres un personaje principal y aquí en Reolid aunque han aparentado hacia ti un cariño inmenso no es lo que te crees.

-¿Quién me ha colocado como personaje? ¿De qué me estás hablando?

-Sé que era alguien que te apreciaba mucho y que nunca te juzgó, aquí sin embargo querían someterte a un juicio moral tras una instrucción secreta a tus espaldas. Hablaremos por el camino, así que vámonos antes que se eche la tarde, podrás dormir en mi casa.

Pedalearon las dos en silencio, no hacía más que observar el camino sin raíles por el que ella creyó que tenían que pasar trenes con pasajeros, de hecho todavía recordaba a algunos de los que la acompañaron en su viaje desde Albacete sobretodo aquella chica de los libros con aire de lorquiana que luego le pareció ver transfigurada como beata aparente por las calles de Reolid. Pensaba que cuando llegase a Villapalacios y tras ducharse desnuda en casa de la señora castellana dormiría y a la mañana siguiente buscaría cualquier transporte que la llevase a Cástulo elucubrando la posibilidad de visitar su estación de ferrocarril, de hecho el camino por el que pedaleaban como vía del tren que nunca se inauguró debería conducir hasta ella, ¿quién sería su escritor que la había convertido en un personaje literario? Pensaba en todos los que conocía de Cástulo y en los que no eran de Cástulo, no sabía  cómo había llegado hasta ahí, ni cómo llegó a aparecer desnuda en aquella playa y luego en aquel tren que todos le negaron que existía, aunque lo primero quiere recordarlo como un viejo y auténtico deseo en la realidad no literaria a la que volvió a romper de nuevo el silencio la amable señora castellana y sin dejar ninguna de las dos de pedalear.

-Nunca he creído en los liderazgos reales o psicológicos, ni tu escritor es tan malo ni el resto de personajes tan buenos. Creo que ellas estaban sin quererlo y sin reconocerlo bajo algún tipo de influjo de terceros, algo que luego no era tal ya que quien sojuzgaba y dominaba estaba a su vez sometida a un poder aparentemente mayor.

-¿Hablas de esa ejecutora de Reolid y las beatas aparentes?

-Hablo de cualquiera que sobre los demás ejerza un liderazgo que nunca le ha sido otorgado y que tú como bien sabes quizás lo utiliza como vía de escape, al igual que yo he utilizado un enfriamiento argumental para ayudarte a escapar de Reolid y huir a Villapalacios. No le des más vueltas ahora, llevamos mucho pedaleo por este camino, ahí en mi casa y cuando repongas te daré más detalles.

Al llegar a la estación de Villapalacios y a pesar de no tener carácter funcional ésta se mostraba llena de personal que parecían pasajeros al tener algunos maletas junto a sus pies, parecía más ambientada esta localidad, tenía el cariz de ser más pueblo que Reolid, más manchego incluso. El ver incluso la estación así a pesar de no tener raíles la hipotética vía hecha camino y por la que habían transitado la llenó de optimismo.

-Bueno, hemos llegado, tengo que continuar sola por lo que te tengo que dejar aquí, me esperan para tomar café en la cercana Bienservida y como tal que lo soy con respecto a este nombre de aldea albaceteña no puedo faltar nunca al estar dispuesta siempre que me invitan.

No entendía cómo se quedaba otra vez sola al ver alejarse esa bicicleta por ese camino que estaba segura que conducía hacia Cástulo. Empezó a titubear sobre buscar algún alojamiento en Villapalacios a pesar de ir sin blanca o viajar sola por el mismo lugar que desapareció la señora castellana hasta la aldea de Bienservida.

Un letrero fuera de la estación en el que se leía “Bienvenida a Villapalacios” donde antes debió decir “Bienvenido” al añadirle alguien en pintura negra un rabito a la “o” para convertirla en “a” le hizo pensar que tal como veía el panorama en este absurdo viaje debía deberse todo a un conflicto sin resolver que tenía que tener con el escritor en el que ella era la protagonista aunque había sido la inspiradora del argumento de la historia en la que estaba sumida y todo por la propia soledad del escritor.

Un círculo vicioso que giraba en su cabeza y quizás también en la del escritor en el sentido normal y también en el inverso de las agujas del reloj. Al fondo le pareció colgando otro rótulo en el que se leía “Bar”.

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Sir Alsen Bert sigue vagando como lector solitario por las calles de Jaén retándose a sí mismo y pensando en desafiar al resto de sus vecinos de que él y sólo él es el único capaz de sentarse en el Pósito, en Dean Mazas o en la mismísima Plaza de la Audiencia a leer otra buena y gran obra de Alberto Olmos “Algunas ideas buenísimas que el mundo se va a perder”, un libro recopilatorio de grandes textos virtuales y donde además se habla de alguna forma de él donde a su vez y en su proyecto de literatura realiza una crítica favorable de su admirado Alberto Olmos en esos blogs que Alsen Bert tiene por la red.

Sir Alsen Bert es lector y se cree a sí mismo que es un gran lector, lo que ha hecho que me apropie de su personaje, él huye de mí y cansado ya de perseguirle lo he secuestrado o detenido de forma ilegal en este blog, aquí no se va a sentir tan libre ni noctívago, le voy a encargar la noble misión de poner a los habitantes de Jaén a leer, pero no en su casa o en la biblioteca que ya muchos lo hacen, sino por sus calles, por la semipeatonal Bernabé Soriano, en el parque del bulevar, junto a la catedral, viajando en el nuevo tranvía, donde sea, me da igual, debe de convertir a Jaén en ciudad lectora y por sus calles al estilo de Madrid, Salamanca, Barcelona, ¿qué no tiene Jaén que sí tienen esas?

Mientras, me ha gustado tanto Alberto Olmos y su “Algunas ideas buenísimas que el mundo se va a perder” , que emulándolo en la página 23 voy a aprovechar para saludar a los incautos internautas que entraron por aquí en este blog de forma accidental al poner hoy y ayer expresiones en el google tales como:

- Jadeos

- Fotografía

- Pies sucios

- Clot, barrio de Barcelona

- de gatos de 100 kilos

- luis heredia barragán

- фотография

- fotos de fantasmas verdaderos

- perezosos

- perezoso disfraz

- Alberto Olmos Estatus

- angel perezoso fotografo salamanca

- carreras popular las campanas

- farmacias jaen codeina

- fotografía digital

- disfraz de perezoso

Espero que les haya aprovechado al máximo.

El mismo día que empiezo a oír de nuevo que la NASA por fin ya de una vez va a enviar naves tripuladas con humanos a la luna me dispongo a leer varias obras de Bioy Casares, concretamente en mis manos está la muy recomendada Invención de Morel. Espero que si al final se arrepienten y nadie se atreve a ir rueden mejor el cortometraje que la otra vez.

Como se puede apreciar tengo personalidad propia al no dejarme guiar por esos blogs seudoliterarios que siguen a Alberto Olmos como si fuera un mito antes de tiempo o un animal mitológico subido en una pira, todos quieren ser o ya lo son sus acérrimos seguidores.

Alberto Olmos como escritor es bueno, tengo también todos sus libros por cierto aquiridos en la Librería Metrópolis con dinero contante y sonante, no sacados gratis de bibliotecas provinciales.

Pero al final y en vista de la novedad también  he adquirido “el Estatus”, pero sin tanto bombo y pelotilleo blogero, y de forma más práctica, pagando su libro sobretodo porque su autor vive, yo soy así, de autores fallecidos me da igual sacar sus obras de la biblioteca, pero de los vivos y coleando les hago llegar su parte de comisión.

Igualmente me identifico mejor con Roberto Bolaño, que no necesitaba al resto.IMG_2872

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De forma inesperada Sir Alsen Bert ha comprado los Papeles Inesperados de Julio Cortázar publicados inesperadamente por Alfaguara, con una presentación y exposición a la venta como si fuese esta obra cualquier mal best séller.

Se siente feliz recordando que le gusta marginar a algunos lectores ocultándole parte de su escribienda cuando saborea un cono mediano de chocolate en la terraza de una céntrica heladería en el Paseo de la Estación de Jaén, no contemplando al pasar a las mozas y menos mozas imaginando cómo serán sus muslos más arriba de lo visible,  sino leyendo esos papeles inesperados de Julio Cortázar y siendo él mirado y observado por todos y todas .

Sir Alsen Bert se había olvidado por momentos ante la obsesiva lectura, la ocultación de sus escritos y la contemplación a la que estaba siendo objeto,  que no se encontraba ni en Salamanca ni en Madrid.

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Capítulo XXI

-Usted es la chica que dice haber llegado en el tren, la que también dice venir de la playa.

El Bar Central donde tenía que tomar el último café con las beatas aparentes aparecía ampliamente despoblado, sólo se mostraba ante ella el viejo dueño que la miraba baboseando y como si nunca hubiera visto mujer en su vida mientras aparentaba secar con un trapo sucio los platos tras haberlos utilizado una imaginaria y masiva clientela que le hacía creer y creérselo él también que había tenido el local lleno.

-¿Qué quiere usted? ¿Qué sabe usted de mí?

-Aquí se sabe todo, se pueden decir unas cosas y nosotros o yo mismo creer otras, pero en este caso es su mirada, su forma de actuar no natural, usted no ha podido engañar a nadie aunque haya silenciado todo u ofreciendo en algunas situaciones su propia verdad elaborada, ¿un tren por aquí, por Reolid?, todavía lo estamos esperando, ¿quién se cree que aunque fuese cierto lo del tren iba a venir usted de la playa cuando esta línea sin inaugurar iba a unir la capital manchega con Mágina y Cástulo, y nunca con la costa?

-¿Han venido mis amigas? Quedé aquí con ellas.

-¿Amigas? ¿Se refiere a las beatas aparentes? Creo que no son sus amigas, no suelen ser amigas de nadie, además sí estuvieron aquí pero se fueron antes de que usted llegase, dijeron tras abonar el desayuno que prefirió usted ir a la estación que nunca lo fue porque creyó ver u oír de madrugada ese tren que sólo existe en su mente. Pero las volverá a ver, seguro que a estas horas ya están de servicio de patrulla. Amigas dice usted ¿qué sabe usted de amistades?

-Váyase al cuerno.

Salió del bar sin disfrutar del ofrecido café de balde y cogiendo la empedrada calle que no había visto al llegar y que parecía subir hacia una iglesia cuya silueta iba adivinando entre la niebla paso tras paso a pesar de dejar a su espalda el camino soleado. Un único paseante se levantó de un escalón de un portón al pasar ella, le había llamado la atención la etiqueta que no se había cortado de la ropa interior negra que le habían dejado como muda en la vieja casa junto a la estación.

-Perdone señorita.

-¿Es a mí?

-Sí, a usted, pocas mujeres quedan ya en el pueblo y no es normal su situación aquí, ni siquiera sabemos si no roza la no legalidad.

Había decidido tras el incidente de hacía unos minutos en el bar que no hablaría con nadie, pero ahora que estaba cerca de la iglesia se le había unido este viejo vecino que amablemente le ayudó a cortar la etiqueta de las bragas que le asomaba por el pantalón.

-Usted no puede ir a Cástulo –dice el viejo- realmente nunca has salido de allí y perdona el tuteo, hablas del camino y el camino siempre ha estado ahí y nunca quisiste cogerlo aunque una vez pensaste y creíste haberlo hecho.

-¿Quién es usted? ¿Qué sabe usted de mí? ¿Qué pueblo o lugar es éste donde todos parecen conocerme? Sólo busco a mis amigas.

-¿Seguro que son amigas?

-Ustedes en este Reolid o como se llame el pueblo no están del todo bien, claro que son mis amigas, me ayudaron con lo del tren.

-No se fíe, le voy a decir una cosa, las beatas aparentes sirven a la ejecutora y hasta aquí y hasta este simple viejo le ha llegado el olor que quieren someterla a proceso legal. Pero nada, usted siga buscándolas, quizás las encuentre en las Termas de San Benito o Sambenito, ya me da igual el nombre. Ese lugar fue víctima del brazo ejecutor y me estoy jugando el pellejo por lo que le cuento, los viejos baños de benito fueron también sometidos a la ejecutora por baños ilegales, fíjese que para que siguiesen funcionando tuvieron que hacer otra piscina, tenía que haber una para hombres y otra para mujeres. Seguro que están allí. Pero tenga cuidado ya le digo que quizás se sometida a proceso ejecutor por razones morales también relacionadas por un baño.

-¿Por dónde se va a los baños de Benito o como le digan?

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Hoy como muchas mañanas que te lavas las manos frente a mí te he vuelto a ver desde el interior mirándonos como siempre al unísono y recordando de nuevo que yo aquí dentro y tú ahí afuera no pensamos lo mismo.

En el exterior vuelves a mostrar tu feliz apariencia y compartida gracias a que el interminable e inexorable girar de las manecillas del reloj hizo que se lo tragara el olvido;  pero aquí en el interior sigo también feliz porque la situación y el deseo imposible de la amnesia no fue del todo tal, sólo una necesidad práctica por ficticia.

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Ahora que sale la tercera entrega de Larsson y aunque luego tenga que desdecirme tengo la firme decisión de no comprarlo ni leerlo. Sí, me gustó la primera parte, pero la segunda me defraudó, suficiente para castigar la tercera  sin ser comprada o leída de prestada, prefiero el tercer tomo de las obras completas de Onetti que aunque nos meta en mundos irreales te cuenta las cosas tal como te sucedieron.

No tengo nada en contra de estos autores, de hecho disfruté mucho con la lectura de La Quinta Mujer de Mankell, un libro que presté y que quedó atrapado en el tiempo sin serme devuelto debido a que ignoré la tentación que no vivía precisamente arriba y  que se cruzó en el camino en una tarde primaveral.

Fernando Ortega como responsable de Ittakus demostró ayer su buen hacer en la reunión que mantuvo con Francisca Company y Rafaela Valenzuela, y es que en efecto, en la literatura digital está el futuro editorial, yo lo veo así, publicas gratis y como no buscas ningún tipo de lucro tampoco pagas al fisco, aunque mientras, y aunque tenga que descedirme disfruto con un buen libro en el sofá sin ser cabalgado. Dublineses de James Joyce, es imprescindible.

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Es una forma de daros la bienvenida a este gran grupo editorial creado con el principal objetivo de utilizar la palabra como medio de comunicación. Gracias a todos, sí, porque sin vosotros que habéis colaborado o con vuestra lectura o escritura este proyecto hubiese sido imposible de llevar a cabo. Gracias también a los que sólo entran aquí a leer, a las musas, a los curiosos, a los fracasados, que sepáis que esta empresa que hoy empieza a ver la luz y sin ánimo de lucro es también la vuestra.

Muchas ilusiones ponemos los miembros de la  dirección  así como los del consejo de redacción en el nuevo proyecto que nació de la nada, sabemos que tenemos cientos de lectores que nos han transmitido su ansiado interés en saber el final de algunas historias aquí comenzadas, medias maratones y otras carreras de interés, delirios en la arena,…. desde aquí de momento os remitimos a las sabias palabras de Cervantes: “Como las cosas humanas no sean eternas, yendo siempre en declinación de sus principios hasta llegar a su último fin, especialmente las vidas de los hombres,…”

Reiteramos lo dicho, este importante Grupo Perezoso´s no tendría razón de ser sin sus valores que no son otros que la palabra y sus lectores, y que sus pricipales objetivos son tanto literarios como deportivos en el ámbito del atletismo popular y sin olvidar cualquier arte o ciencia que se pueda plasmar o defender con la palabra o la escritura.

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Capítulo XX

Se baja del tranvía  justo al final del recorrido y en el nublado atardecer que le había hecho minutos antes distraerse y pasarse la parada de Bernabé Soriano donde si le habían informado bien,  se encontraba la sede principal de Ediciones Perezoso´s.  Desciende sin más remedio por la calle Campanas donde sin oír sonar ninguna sí le pareció verlas a su derecha, no tenía tiempo para pensar, debía encontrar la editorial decidiendo ignorar incluso la cafetería Colombia 50 al embargarle una incertidumbre inquietante y que le hacía no querer dejar escapar más minutos sin saber toda la verdad.

Justo encima del Cine Cervantes lee en un rótulo y en desgastadas letras el nombre de Ediciones Perezoso´s,  lo que le hace sentir de abajo hacia arriba una especie de calor frío a pesar de la nublada y fresca tarde primaveral que un rato antes había sentido al bajarse del tranvía en la Plaza de Santa María.

Sube las escaleras y encuentra la puerta cerrada y algo desgastada como el rótulo, siente una sensación que le hace pensar que el tiempo se detuvo en ese lugar y que  nada ni nadie le hizo volver a andar. La dejadez del rótulo, la soledad del interior que no ve, pero que tal como encuentra la inaccesible entrada le hace imaginar esos minutos que se detuvieron como para siempre y que ninguna cuerda logró reanudar el inapreciable movimiento de las manecillas.

Se da cuenta de que no va a porder ser, que ha hecho el viaje desde Cástulo para nada, jamás  sabrá la verdad, nadie le va a poder explicar nada, nunca podrá saber por qué ella fue protagonista ficticia de una historia real, sólo porque hace muchos años lo convirtió a él en protagonista real de una historia ficticia.

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Menos mal que gracias a que a uno lo acostumbraron a la vida extraña viví mi derecho a voto esta mañana en las elecciones europeas como algo normal y dentro de lo corriente.

Resulta que tras depositar el voto cuando lleva el colegio electoral diez minutos abierto te encuentras al salir  con que en realidad está cerrado por falta de sobres y el policía de la puerta no deja entrar a nadie hasta que lleguen los faltos sobres que no estaban a la hora establecida.

Yo que estoy en el interior  sin saber cómo y tras haber depositado como digo la papeleta en la urna le digo al amable guardia que entré en el colegio a las nueve en punto y por traer de casa el voto en mi sobre me han dejado votar junto a otros dos señores. Usted se calla me comenta el policía, está cometiendo una infracción penal por alteración del orden público y lo puedo hacer detener.

Menudo antecedente, el año pasado presidente de mesa y este me podía haber visto comiendo un bocadillo en la comisaría y con derecho a una llamada, ya digo, menos mal que por lo vivido estos años atrás está uno acostumbrado a vivir dentro de lo absurdo.

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Un avión airbús de Air France y que realizaba la ruta Río de Janeiro París al parecer ha caído al Atlántico, no se sabe dónde ni en qué punto. Tampoco se sabe el lugar exacto por el que circulaba cuando realizó la última comunicación. Al parecer cuando se sobrevuela el océano se pierden las comunicaciones por radio entre las costas de origen y destino por lo que ni el piloto ni los controladores en caso de emergencia no pueden saber realmente donde se encuentra o por qué lugar circula el avión, por los visto sólo emiten señales como indicativo de que todo va bien.

¿Puede ser esto así en los tiempos de los  googlejearts y los gepeeses?

DSC_0041Fotografía de Jesús Garrido, gracias a la colaboración de Lorena Olmo

Extracto de “Vialidad” de Julio Cortázar, publicado hoy domingo por el Diario El País.

-¿No sabe manejar, usted? -grita el vigilante.

El cronopio lo mira un momento, y luego pregunta:

-¿Usted quién es?

El vigilante se queda duro, echa una ojeada a su uniforme como para convencerse de que no hay error.

-¿Cómo que quién soy? ¿No ve quién soy?

-Yo veo un uniforme de vigilante -explica el cronopio muy afligido-. Usted está dentro del uniforme  pero el uniforme no me dice quién es usted.


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Capítulo XIX

-Parece que ha llegado la chica de la playa.

-Estaba inquietando a algún vecino, cree haber venido en tren, menuda majadería y sólo por tener en las afueras del pueblo una estación que nunca lo fue.

-Es curioso –dice uno de los hombres- Creo que piensa que no todo está perdido, que existe la esperanza que volvamos a hablar con ella y que no se va a encontrar sola del todo y para siempre, poco a poco se irá sintiendo cómoda.

….

Tras arrojar a una papelera la sucia ropa interior siguió vagando en solitario por las angostas calles del pueblo, sólo un par de beatas aparentes y sin patria la saludan cuando éstas se dirigían camino de los suburbios del pueblo. De pronto aparece la tercera mujer, la que hablaba pero callaba cuando el marido asomaba. La ve quedarse quieta bajo el cartel en blanco y negro colgado en la agrietada fachada que anunciaba una proyección de “El Luchador Manco” en el cine de verano de Reolid.

-Tú ibas en el tren.

No obtiene respuesta, el silencio es absoluto, parecía que iba a contestarle pero había asomado el marido de entre los callejones provocando la desaparición de los dos entre la bruma acechadora que le hizo recordar los amaneceres en los viejos patios de Cástulo.

Sigue vagando con rumbo incierto por las callejas de Reolid, ve salir de un cenáculo a las dos beatas aparentes. La que parece más lorquiana por su atuendo se dirige a ella.

-Mañana tomaremos contigo el último café, quizás podamos explicarte algo que ignoras. Ahora debes de descansar, junto a la vieja estación hay un caserón habitado por un viejo solitario bebedor y que se encarga del entorno, los domingos por la tarde discute en solitario con una imaginaria mujer, pobre, murió hace muchos años. Él sabe ya que estás aquí, tiene sábanas y toallas limpias.

Vuelven también a desaparecer en la noche venida y ya cerrada, no tiene más opción que ir a esa vieja casona al pie de la estación por un camino que deja las casas de Reolid y que parece ir a campo través. No ve la casa, pero sí la estación, se muestra oscura dentro de toda lógica al no haber sido nunca conectada a la red eléctrica, no hizo falta según la absurda teoría de que nunca llegó a circular por aquí el tren.

Por fin ve la vieja casa, con una luz en el piso de arriba. Tras sucesivas llamadas a una puerta que siempre parecía que estuvo abierta nadie responde, no hay nadie y se siente tan cansada que decide subir y acostarse en una solitaria cama de la sala que aparecía iluminada desde abajo aunque no sin antes intentar adivinar la silueta de la estación que sigue ahí esperando una esperanza que es la misma que ella siente, el tren que la pueda llevar hasta Cástulo.

Duerme sin importarle que esté o no el casero, el viaje y el deambular por la ciudad la había agotado hasta la extenuación, no pensó en nada, ni en la playa, ni en los pasajeros que conoció en el tren y que luego creyó ver por el pueblo, aunque sí estuvo segura de una cosa cuando pasaron varias horas, y es que el ruido de un tren la sobresaltó, la luz de sus faros iluminó en parte la habitación, las ruedas metálicas chirriaron al detenerse en el silencio de la noche.

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Cuantas veces lo pensaba, un lugar donde lloré, también donde me reí, un lugar donde imaginé poemas, relatos absurdos en una visión también absurda, había nieve y frío, pero también hubo puro fuego que te abrasaba el rostro en aquel sitio de mi recreo.

Antonio Vega también tuvo que ver  así el lugar de su canción, su carretera, su chica de ayer, su océano de sol, sus 3.000 noches con Marga, su décima de segundo…..

Hasta siempre amigo.

Ha sido una alegría saber que al padre de uno de los amigos de mi hija, Pedro A. Campaña Ortega le gusta escribir en diario Jaén, llevaba tiempo leyéndolo, pero no había jamás pensado que lo conocía en persona, creía que cada uno no era el mismo, sino diferentes personas, que cosas. El caso es que ayer sábado leía la siguiente frase a este señor ya convertido en mi mente en uno sólo, es decir en el mismo y  en el ejemplar escrito que leía junto a un buen café en el Tren: “Un servidor de ustedes lleva en crisis desde que entró en circulación el euro“. Ahora que escribo a la vez que nos bebemos esta litrona de Alcázar en la jornada sabatina viajo al pasado unas catorce horas antes cuando pasaba las cuentas a un libro de contabilidad como presidente del bloque que soy y disfrutando los últimos días de mandato y mascullando mi cabeza sobre por qué cuando vivía la peseta tenía superávit la comunidad y ahora con el euro le cuesta llegar a final de mes. Algo me dice que con los euros se pierde dinero de unas manos que van a aparar a otras, algo que no sucedía con las pesetas, y que si sucedía era todo más discreto e imperceptible.

Menuda tarde fotera y cervecera disfrutamos el jueves gracias a Urbánica. Circo, danza, música, teatro y perfomance (¿qué es perfomance?) por las calles del viejo Jaén, cuyo punto álgido llegó con la actuación de la Batukada en la Plaza del Pósito y en la terraza del bar del mismo nombre, donde tuvieron la deferencia de dejarse caer la alcaldesa Carmen Peñalver y Juan Espejo el director del Diario Jaén, aunque se fueron pronto con Lucas de Caja Jaén que también pasaba por allí. No veo a Jesús Tíscar ni a Álsen Bert, y eso que en el pósito estaba todo el rojerío de Jaén.

Mientras, viajo por lo existente y por lo no inexistente, los recuerdos imborrables, los días irreales, las historias olvidables y las versiones que nunca sucedieron. Me alegro aunque no daré la talla que una revista argentina se muestre interesada. Sin problemas, todo gratis a condición de que no olviden quien soy.

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La calle Bernabé Soriano renovada por Jgarrido

No entiendo como Alfaguara concede un premio a un libro suyo que se tiene que publicar a varios meses vista, a un libro que sólo unos pocos lectores han tenido el privilegio de tener acceso a su lectura, justo los que tienen que hacerlo ganador del susodicho concurso literario, osease, ellos se lo guisan y ellos se lo comen.

Mientras se publica el libro ganador y tras defraudarme Stanislaw Lew he arrasado en la biblioteca con casi toda la bibliografía del escritor ganador. Andrés Neuman vive en Granada, publica en Diario Ideal, lo tenemos cerca, el otro día estuvo en Jaén en un acto organizado por la Universidad Popular. La vida en la ventana promete, aunque luego defraude como yo defraudo en las calurosas tardes  en el bulevar de los sueños rotos. El calor hace estragos ya, pero me da igual, este año tiene que ser mi año.

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Capítulo XVIII

Elucubraba la posibilidad de quedarse algunas horas más de las previstas en Reolid y coger el siguiente tren que pasara hacia Cástulo, pero la posible situación de compartir el trecho restante del recorrido con la chica de los libros hízole desistir de la pasajera decisión.

Se había quedado sola en la plaza, siendo la última viajera que quedaba por subir al tren que por fin iba a seguir su viaje hacia Mágina y Cástulo. Necesitaba esa soledad para evocar los recuerdos de esa inútil visita a la playa con el vano intento de encontrarse en la arena con la holográfica imagen proyectada por sus propias neuronas revolucionadas entre sí y sin ponerse ninguna de acuerdo la una con la otra, porque de alguna forma sabía que él en persona no iba a presentarse y materializar ese encuentro que tanto deseó y le susurró a él por los bares del pueblo.

-¿Cuánto hace que se fue el tren?

El abuelo con evidentes muestras de aliento aromatizado a vino peleón no salía de su asombro. Toda su vida en Reolid, vio y conoció a los obreros de los que formó parte como peón trabajando en aquella fosa e imaginando tener algún día una guía de ferrocarriles en la que figurase escrito su pueblo como posible origen o destino de él mismo y de sus convecinos, y ahora aparece de la nada una señora sin equipaje ni abrigo preguntándole por el tren que nunca vino.

-Hace muchos años, muchos que llevo esperándolo, colocaron los raíles a mediados del siglo pasado, pero hace como veinte años que los quitaron antes de que llegase el primer tren.

No había raíles en efecto, el edificio de la estación se le presentaba a sus ojos envejecido, el andén uno aparecía crecido de mala hierba donde horas antes había paseado con la mujer de los libros. Soledad y abandono absoluto de esa estación que ya intuía cuando se dirigía hacia ella que nunca llegase a ser lo que un día tuvo que realmente ser. Una taquilla que nunca vendió nada a ningún viajero, una taquilla ahí detenida como esperando un futuro que nunca llegó y contemplando ahora un pasado que nunca llegó a ser ni pasado al no recibir ninguna cola de viajeros y deseando el taquillero cerrar la ventanilla harto de despachar billetes a Alcaraz, Villapalacios o a trayectos de largo recorrido como a Mágina y a Cástulo.

-Por aquí nunca hemos sabido lo que es el sonido del tren o el del pito del Jefe de Estación anunciando su partida.

Justo cuando recordaba los espasmos pélvicos sufridos a cuatro patas durante la madrugada anterior,  sentí la necesidad de asomarme discretamente por la raja del biombo que separaba los hombres de las mujeres que tomaban café en la barra, a fin de intentar ver los señores que salían del aseo y así poder diferenciar el origen de la humedad en la delantera de sus pantalones, algo más delatador si cabe que la oscilación pupilar o el pasajero temblor de sus manos al mover el azucarillo disuelto en la taza de café.

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Siempre tendremos espectadores de excepción y silenciosos, aunque lo que cree uno sea más merecedor del cubo de reciclaje que otra cosa.

Me ha venido a la memoria lo que escribió el otro día Javier Marías en El País Semanal cuando lo llevaron a visitar el Museo del Mar en Valparaiso (Chile), encontrándolo totalmente vacío y llegándo a la conclusión el escritor que lo que importa de los museos no es su contenido, sino el envoltorio.

Yo le digo a Javier Marías: “Librémonos a veces de algunos envoltorios”.