“Algunos rincones….a 100 metros escasos de la puerta principal del Museo Picasso en Málaga, recuerdan al Palermo posterior al bombardeo aliado de julio de 1.943, sólo que con bastantes más graffitis”, “…la calle Tomás de Cózar es digna del Guernica“.
Leído hoy 15 de junio de 2.008 en la edición impresa de Diario El País.
El arte oficial, el bueno y el verdadero en el interior del museo; fuera el espontáneo, el ilegal y mal visto en ocasiones. Dos formas diferentes de marcar el arte su territorio, el del museo está dentro y permanece, el del exterior a veces aparece y desaparece. Me alegro de que al lado de este importante museo los artistas urbanos se den a sí mismos rienda suelta expresando sus emociones a través de este tipo de arte, aunque a veces esté incluso criminalizado.
En nuestra vida real y cotidiana nos encontramos con situaciones similares. Existen las verdades oficiales y la supuesta mentira o tergiversación de la verdad fabricada. Como no creyente en las cosas eternas, sea amistad, amor, relaciones, menos creo aún en las verdades o en las mentiras. Sí creo en el parecer personal y en la opinión, pero nunca como algo definitivo, todo oscila, todo es variable y tiene la posibilidad de ser alterado de forma azarosa o según nos convenga.
Al igual que el graffiti, este aparece y desaparece, dentro del Museo Picasso nada se altera, todo permanece.
Me gusta Picasso, pero no me gusta verlo encerrado, el arte tiene que ser libre y al igual que muchas cosas de la vida, se tiene que disfrutar en libertad.


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