Me siento como José Tomás, excéntrico total, un hombre que se juega el pellejo muchas tardes en la plaza sin tener por qué y yo corriendo sanantones sin estar preparado nunca a tope y echando los hígados por la boca.

No me gustan los toros, pero me gusta y admiro a José Tomás, es más me gustaría acudir a un festejo de esos que llaman corridas o fiesta nacional. Siempre me he considerado antitaurino y antes que una corrida de toros he preferido la del conejo cuando se pone rosadito. Pero no sé, este hombre cuya profesión es denominada torero o matador de toros me está alterando los esquemas. Considero que verdadera vocación no hay, siempre he visto este tipo de festejo de cara al espectador como una apariencia de algo, el que va a los toros quiere presenciar el festejo, pero creo que también quieren que lo vean a él que está allí con su puro, bebida y demás, forma parte del típico juego al que solemos jugar todos, es decir hacer algo para que nos vean. Como yo con la San Antón, si no hubiese espectadores no la correría nunca. Todo es un juego de apariencias en la vida, tan necesario como el comer por ejemplo.

Me he puesto a prueba esta tarde corriendo más de lo normal y no he respondido mal, me sentí un auténtico José Tomás. La corrida próxima de verdad el 16 de enero, cae en viernes y vienen seguramente Pepo y Santi, corren y ya están aquí Bernar y Neke. Tendré a mi propio Joaquín Sabina de espectador, que nunca sale a verme correr a la espera de que se lo cuente, pero como la corrida, digo la carrera cae en fin de semana, seguro que acude al festejo a verme pasar.

Por todo esto, ya van tres veces y pienso sabiendo que todavía está por delante el verano y el otoño que hay que intentarlo para lograrlo por cuarta vez.